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Riesgos emergentes 2026: qué preocupa hoy a los actuarios

La encuesta anual de riesgos emergentes de la SOA y la CAS puso a la inteligencia artificial y a la volatilidad financiera al frente. Esto es lo que implica para quien gestiona riesgos desde México.

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Publicado el 20 de julio de 2026 · por Act. Francisco Javier Ruiz de la Peña Olea

Cada año, la Society of Actuaries (SOA) y la Casualty Actuarial Society (CAS) preguntan a cientos de profesionales del sector asegurador y financiero qué riesgos les quitan el sueño hoy y cuáles creen que definirán los próximos años. El ejercicio, conocido como Emerging Risk Survey, ya lleva diecinueve ediciones y se ha convertido en una de las mejores radiografías disponibles sobre cómo piensa el riesgo la profesión actuarial. La edición más reciente, levantada a principios de 2026 con más de 350 respuestas —de las cuales más de un centenar provino de directivos de primer nivel— arroja un mensaje claro: lo urgente es económico y geopolítico; lo estructural es tecnológico.

Para un actuario que trabaja en México o en Latinoamérica, ese diagnóstico no es una curiosidad estadística de otro continente. Es un mapa útil para ordenar prioridades, diseñar escenarios y decidir en qué vale la pena invertir tiempo de modelación.

Lo urgente: volatilidad financiera y geopolítica

Al preguntar por el riesgo más relevante para 2026, las categorías económica y geopolítica concentraron cerca del 60% de las respuestas directivas. Dentro de ellas, la mención dominante fue una volatilidad financiera mayor a la normal. La lectura tiene sentido: en un entorno de reacomodos comerciales, tensiones cambiarias y tasas que no terminan de asentarse, los directivos ven un riesgo que se materializa en el trimestre en curso, no en el horizonte lejano.

El panorama macro que dibujan los encuestados es, sin embargo, moderado: alrededor del 60% anticipa inflación moderada, con una minoría repartida casi por igual entre expectativas altas y bajas. El punto menos optimista está en el mercado laboral, donde cerca de la mitad de los participantes espera debilidad. Para una aseguradora, un mercado laboral flojo se traduce en menor crecimiento de primas y en mayor presión sobre la persistencia de las carteras.

Lo estructural: la inteligencia artificial como riesgo

Cuando la pregunta cambia y se pide mirar tres años o más hacia adelante, el orden se reacomoda por completo. Ahí manda la categoría tecnológica, y dentro de ella, el riesgo de resultados adversos derivados de la inteligencia artificial encabezó la lista en 2026. Durante años el cuestionario hablaba genéricamente de “tecnología disruptiva”; ahora nombra el riesgo con precisión. Y no alude al temor de que la máquina sustituya al actuario, sino a algo más concreto: modelos mal gobernados que producen decisiones equivocadas a gran escala, sin que nadie pueda explicar por qué.

Ese riesgo se manifiesta en varios frentes que el actuario reconoce de inmediato:

La encuesta añade un dato que refuerza el punto: al preguntar por combinaciones de riesgos —eventos que ocurren juntos o en secuencia— la pareja más citada fue la de un incidente cibernético acompañado de un resultado adverso de IA. Quien haya trabajado en ciberriesgo sabe que esa correlación no es hipotética: la automatización amplifica tanto la eficiencia como el radio de daño de un ataque.

El riesgo tecnológico es el más persistente

Otro hallazgo merece atención para quien planea a mediano plazo. Entre los directivos que señalaron el riesgo tecnológico como el más relevante hoy, el 76% volvió a elegirlo al preguntarles por el horizonte de tres años o más. En contraste, de quienes escogieron el riesgo geopolítico como el más relevante en 2026, solo el 24% lo mantuvo en el largo plazo.

Dicho de otro modo: la geopolítica es ruido intenso pero de vida corta en la percepción directiva; la tecnología es una tendencia pegajosa. Para efectos de asignación de recursos —capacitación, sistemas, gobierno interno— esa persistencia es probablemente la señal más accionable de toda la encuesta.

El caso curioso del riesgo climático

Por primera vez en varios años, el riesgo climático no apareció entre los cinco principales riesgos emergentes del grupo completo de encuestados. Sería un error leer ese descenso como buenas noticias.

La explicación que ofrecen los autores es doble. Por un lado, la profesión modela hoy mucho mejor los eventos climáticos que hace una década: los modelos de catástrofe para huracanes e incendios forestales han madurado, y lo que se entiende deja de sentirse como incertidumbre pura. Por otro lado, opera un fenómeno bien documentado en la investigación sobre percepción de riesgo —el llamado finite pool of worry— según el cual la capacidad de preocupación es limitada: cuando un riesgo nuevo captura la atención, los anteriores se desdibujan aunque su severidad no haya cambiado.

Lección metodológica: una encuesta de percepción mide atención, no exposición. El riesgo que baja en la lista puede ser simplemente el que ya sabemos modelar. Para un país con la exposición sísmica e hidrometeorológica de México, el clima sigue siendo un riesgo de primer orden, y los seguros paramétricos siguen siendo una de las respuestas técnicas más prometedoras.

Diferencias por especialidad

La encuesta también permite algo poco común: comparar cómo ve el riesgo cada rama de la profesión. Los directivos del ramo de daños (property & casualty) se inclinaron hacia los riesgos ambientales, lo cual es coherente con una cartera expuesta a eventos físicos. Los del ramo de vida pusieron el acento en los riesgos económicos, en particular la volatilidad financiera, algo esperable en negocios de largo plazo con fuerte componente de inversión.

Sin embargo, al mover el horizonte a tres años o más, esa divergencia se disuelve: la preocupación por el riesgo tecnológico se vuelve prácticamente universal entre especialidades, incluidas las firmas de consultoría actuarial y de auditoría. Los riesgos de corto plazo son específicos del negocio; los de largo plazo son compartidos por toda la profesión.

Qué significa esto para el actuario en México

La agenda de riesgos emergentes conecta directamente con la disciplina de la administración integral de riesgos o ERM (Enterprise Risk Management), que en México tiene además un anclaje normativo claro en el régimen de Solvencia II adoptado por la Ley de Instituciones de Seguros y de Fianzas y la Circular Única de Seguros y Fianzas. La ARSI —la autoevaluación de riesgos y solvencia institucional, equivalente local del ORSA— es precisamente el lugar donde un ejercicio como este debería aterrizar.

Algunas implicaciones prácticas:

La vía de especialización: la credencial CERA

Para quien quiera profesionalizar esta área, existe una ruta formal internacional: la credencial CERA (Chartered Enterprise Risk Analyst), supervisada por la CERA Global Association y otorgada por más de veinte asociaciones actuariales en el mundo, incluida la SOA. Es una de las pocas certificaciones diseñadas específicamente para la gestión integral de riesgos con fundamento actuarial, y cubre desde identificación y clasificación de riesgos hasta modelación de dependencias, capital económico y gobierno corporativo.

En el plano internacional, la IAA aporta el marco: su sección AFIR-ERM promueve la investigación en riesgos financieros y ERM desde 1988, y su serie Risk Book funciona como referencia técnica sobre prácticas de gestión de riesgo aplicables a aseguradoras. Si te interesa el mapa completo de certificaciones, en este blog está la guía de exámenes y certificaciones actuariales.

Una reflexión final

La lección más útil de la edición 2026 quizá no sea cuál riesgo quedó en primer lugar, sino el recordatorio de que los rankings de percepción cambian más rápido que la exposición real. El trabajo del actuario consiste, en buena medida, en sostener la mirada larga cuando el ruido de corto plazo invita a mirar hacia otro lado.

Fuentes

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