Lleva la técnica del riesgo a las nuevas fronteras: cambio climático, ciberseguridad, pandemias y riesgos sistémicos.
El riesgo no se queda quieto. El cambio climático intensifica las catástrofes, la digitalización crea el riesgo cibernético, las pandemias recordaron la fragilidad global y la tecnología introduce riesgos sistémicos nuevos. La profesión actuarial está extendiendo sus métodos a todos ellos.
Son campos jóvenes, con datos escasos e incertidumbre alta, justo donde el criterio actuarial (modelar lo que aún no tiene historia suficiente) resulta más valioso.
Los reguladores incorporan cada vez más el riesgo climático y de sostenibilidad a las pruebas de solvencia; el CONAC cuenta con un comité de Cambio Climático y Sustentabilidad.
En México: México, expuesto a sismos, huracanes e inundaciones, es terreno fértil para el actuario de riesgos emergentes; el CONAC impulsa el tema de clima y sustentabilidad dentro de la profesión.
Riesgos nuevos o en transformación (clima, cyber, pandemias, sistémicos) con poca historia de datos y alta incertidumbre, donde la técnica actuarial aporta valor.
Sí: con teoría de valores extremos, escenarios y datos emergentes estima frecuencia y severidad para tarificar coberturas cyber.
El cambio climático altera la frecuencia y severidad de las catástrofes; el actuario lo incorpora a la tarificación, las reservas y las pruebas de solvencia.
Ejemplo práctico: Para tarificar una cobertura cibernética, el actuario combina escasos datos de incidentes con teoría de valores extremos y escenarios para estimar la frecuencia y severidad de un ataque.
El actuario aplica el mismo núcleo (medir y administrar el riesgo) en seguros, pensiones, inversiones, datos y más.
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