Publicado el 10 de agosto de 2026 · por Act. Francisco Javier Ruiz de la Peña Olea
Durante décadas, la conversación sobre el cambio climático se planteó en términos ambientales o políticos. Hoy es, cada vez más, una conversación financiera: cuánto costarán los siniestros de un clima más volátil, cómo cambiará el valor de los activos en una economía que se descarboniza y qué información deben revelar las empresas sobre esos riesgos. Cada una de esas preguntas es, en el fondo, un problema de medición de eventos inciertos a lo largo del tiempo, es decir, el oficio del actuario. Por eso las grandes asociaciones internacionales —la IAA, la SOA y la CAS— han colocado la sostenibilidad y el riesgo climático en el centro de su agenda, y por eso conviene entender qué significa para quienes ejercen o estudian esta profesión.
El actuario trabaja con la cola de las distribuciones: los eventos poco probables pero muy costosos. El cambio climático actúa precisamente sobre esa cola, alterando la frecuencia y la severidad de huracanes, inundaciones, sequías y olas de calor, y con ello la siniestralidad de las carteras de daños, la mortalidad y morbilidad en vida y salud, y el valor de los activos que respaldan las reservas. La International Actuarial Association (IAA) lo resume con claridad: los actuarios están bien posicionados para ayudar a empresas, inversionistas, reguladores y a la sociedad a comprender estos riesgos y a cumplir con los nuevos estándares de divulgación.
La profesión suele descomponer la exposición climática en tres categorías, porque cada una exige un tratamiento técnico distinto:
Esta clasificación conecta el trabajo del actuario en reaseguro y daños con el de inversiones y gestión de activos y pasivos: el clima no es un riesgo aislado, sino un factor que atraviesa todo el balance.
Frente a un fenómeno sin precedente histórico completo, la profesión ha desarrollado instrumentos propios en lugar de esperar datos que quizá nunca lleguen "a tiempo".
La CAS, junto con otras organizaciones norteamericanas, mantiene el Actuaries Climate Index, una herramienta educativa que mide desviaciones en variables como temperaturas extremas, precipitación intensa, sequía, viento y nivel del mar respecto de un periodo de referencia. Es un ejemplo de cómo el gremio traduce datos climáticos crudos en indicadores comprensibles para reguladores, tomadores de decisiones y el público. La CAS complementó este trabajo con una Climate Change Resource Library que reúne investigación sobre inundaciones, ciclones tropicales y tarificación geográfica.
Como el pasado no basta para proyectar el futuro climático, la práctica se apoya en análisis de escenarios: se definen trayectorias posibles de calentamiento y de política pública, y se evalúa cómo respondería una cartera o un balance bajo cada una. La IAA ha publicado material introductorio sobre escenarios climáticos precisamente para que los actuarios incorporen estas técnicas a la valuación y a la gestión de capital. Es un cambio de mentalidad: de estimar con base en la experiencia a razonar con base en futuros plausibles.
El otro gran frente es la transparencia. En junio de 2023, el International Sustainability Standards Board (ISSB) publicó las normas IFRS S1 (información de sostenibilidad en general) e IFRS S2 (divulgaciones relacionadas con el clima), aplicables a periodos que inician a partir del 1 de enero de 2024. Estas normas exigen que las empresas informen sobre los riesgos y oportunidades climáticos que razonablemente podrían afectar sus flujos de efectivo, su acceso al financiamiento o su costo de capital en el corto, mediano y largo plazo.
Aquí la contribución actuarial es directa: identificar, modelar, cuantificar y ayudar a revelar esos riesgos. Para dar consistencia a ese trabajo, la IAA desarrolla el estándar internacional ISAP 8, orientado a los servicios actuariales que apoyan la preparación de divulgaciones climáticas alineadas con IFRS S2, y una nota educativa complementaria (IAN 200) con ejemplos prácticos. La SOA, por su parte, publicó análisis sobre las implicaciones de las normas del ISSB para la profesión y sostiene, a través de su Research Institute, un programa estratégico de investigación en catástrofes y clima.
Conviene una advertencia técnica: ESG no es sinónimo de "buenas intenciones". Para el actuario, los criterios ambientales, sociales y de gobernanza son variables que pueden afectar la siniestralidad, el rendimiento de las inversiones y la reputación, y deben tratarse con el mismo rigor —y el mismo escepticismo ante datos de baja calidad— que cualquier otra hipótesis.
La región es especialmente sensible a estos temas. México está expuesto a huracanes en ambos litorales, a sismos, a sequías prolongadas y a inundaciones urbanas; su sector asegurador opera bajo un régimen de solvencia basado en riesgos (la CUSF, inspirada en Solvencia II) que ya obliga a pensar en capital, reservas y pruebas de estrés. En ese marco, el riesgo climático encaja de forma natural en la función actuarial y de administración integral de riesgos.
A ello se suma la dimensión de inversión: los grandes fondos de pensiones y las Afores gestionan horizontes de varias décadas, justo el plazo en el que los riesgos de transición se materializan, y avanzan en la incorporación de criterios ESG a sus políticas. Para el actuario latinoamericano, dominar estos conceptos no es una moda pasajera, sino una extensión lógica de su papel como garante de la solidez financiera de largo plazo. Se conecta, además, con temas que ya hemos tratado en el blog, como los seguros paramétricos para catástrofes, los riesgos emergentes y la gestión de riesgos empresariales (ERM).
Para el estudiante o el profesional joven, la sostenibilidad abre un campo en crecimiento que combina lo mejor del oficio con habilidades nuevas. Vale la pena desarrollar:
El cambio climático planteó una de las preguntas más difíciles de nuestro tiempo: cómo poner precio a un futuro incierto. Es, palabra por palabra, la definición del trabajo actuarial. La profesión no solo tiene un lugar en esa conversación; tiene la responsabilidad de liderarla con rigor.
¿Te sirvió? Explora más en el blog, revisa por qué la profesión actuarial mira al futuro o descubre por qué estudiar actuaría.